martes, 21 de junio de 2011

Imitación de Cristo IV.

Capítulo 4

De la prudencia en las acciones

1. No se debe dar crédito a cualquier palabra ni a cualquier espíritu; mas con prudencia y espacio se deben, según Dios, examinar las cosas.
¡Oh dolor! Muchas veces se cree y se dice más fácilmente del prójimo el mal que el bien ¡Tan flacos somos!
Mas los varones perfectos no creen de ligero cualquier cosa que les cuentan, porque saben ser la flaqueza humana presta al mal y muy deleznable en las palabras.

2. Gran sabiduría es no ser el hombre inconsiderado en lo que ha de hacer, ni porfiado en su propio sentir.
A esta sabiduría también pertenece no creer a cualesquiera palabras de hombres, ni decir luego a los otros lo que oye o cree.
Toma consejo del hombre sabio y de buena conciencia; y apetece más ser enseñado de otro mejor, que seguir tu parecer.
La buena vida hace al hombre sabio, según Dios, y experimentado en muchas cosas.
Cuanto alguno fuere más humilde en sí y más sujeto a Dios, tanto más sabio y sosegado será en todo.

miércoles, 15 de junio de 2011

De México y sus dolencias.

¿Por qué México está sufriendo una situación extrema en cuanto a la violencia interna? Muchos se hacen esa pregunta; otros ni siquiera les interesa hacérsela. No voy a decir que unos están bien y otros mal; lo único que quiero comentar es un simple punto de vista muy sencillo, una respuesta que tal vez a muchos no les pueda cuadrar, y la verdad tampoco espero que así sea.

Creo que México está pasando esta situación por un motivo especial: el primero es, que en gran parte hemos sido los mismos provocadores de la misma. Hemos permitido que la corrupción penetre tanto a las instituciones políticas, que es casi imposible erradicar; este mal ya tiene más de un siglo; es casi por así decirlo, una herencia que nos quedó de la época virreinal. Muchos son los detractores del actual gobierno, el cual no ha podido sacar el mal de los gobiernos municipales, estatales y federal. No negaré que nuestro presidente y colaboradores han hecho cosas pésimas, sobre todo para la economía de los mexicanos, pero tampoco creo que sea posible eliminar la corrupción en 6 años. El proceso deberá ser largo, y lamentablemente, doloroso. Si deseamos que nuestro país aplique la ley “como Dios manda”, entonces hay que ser más conscientes al elegir a nuestros candidatos, nuestro partido de preferencia y no dejarnos llevar por la clásica desidia mexicana, la cual tiene por lema “mientras a mi no me afecte, todo está bien”.

Somos una sociedad desintegrada; realmente no actuamos como una nación, en la cual sus participantes son siempre conocedores de lo que les conviene para un mejor vivir, y luchan para alcanzarlo. Y para no caer en provocaciones anárquicas, aclaro que luchar no es crear revoluciones, huelgas, manifestaciones masivas; no, desde mi punto de vista, el luchar por el bien común es saber ser consecuente. Si nos equivocamos, corregir; si acertamos, proseguir en el bien.

La corrupción no sólo se vive dentro de la política. Incluso es necesario reafirmar que el principal peligro nace desde el seno familiar, donde se ha perdido el total respeto por las figuras paterna y materna. Donde los hijos a ejemplo de muchos padres, nacen con la idea de conseguir todo lo que desean sin importarles el precio.

Es muy triste ver las noticias y darte cuenta todo lo malo que sucede en nuestro alrededor, y eso no importando si pasa a 4 mil kilómetros, pero los medios de comunicación acortan las distancias, y lo lejano se convierte en el entorno cuasi inmediato. Y para colmo después de ver las noticias, todo termina con un “buen provecho”, o un “buenas noches”. Al final no sabes si reír por el sincero cinismo de los noticieros, o porque “llorar (por tristeza) ya ni es bueno”

Sin duda alguna cada país tiene sus propios problemas, desde lo político y económico, pero creo que el peor de todos los problemas colectivos es cuando entre los mismos ciudadanos se da una matanza, que tiene tintes de genocidio.

Aun a pesar de todo espero que por muy fuerte que sea el proceso para finiquitar con la violencia y la corrupción en México se pueda cumplir. Quiero ser alguien que siga creyendo que hay más cosas buenas que malas.

Se acercan las elecciones presidenciales el próximo año. El paisaje no se ve muy alentador al contemplar de manera objetiva los candidatos más importantes. Pero bueno, sobre esto se podrá escribir un texto más largo.

viernes, 10 de junio de 2011

Imitación de Cristo III.

Capítulo 3

De la doctrina de la Verdad

1. Bienaventurado aquel a quien la Verdad por sí misma enseña, no por figuras y voces que se pasan, sino así como es.
Nuestra estimación y nuestro sentimiento a menudo nos engañan y conocen poco.
¿Qué aprovecha la gran curiosidad de saber cosas oscuras y ocultas, pues que del no saberlas no seremos en el día del juicio reprendidos?
Gran locura es que, dejadas las cosas útiles y necesarias, entendemos con gusto en las curiosas y dañosas. Verdaderamente, teniendo ojos, no vemos.
¿Qué se nos da de los géneros y especies de los lógicos?

Aquel a quien habla el Verbo eterno, de muchas opiniones se desembaraza.
De este Verbo salen todas las cosas. Y todas predican este Uno, y este es el "Principio que nos habla" (Jn 8,25).

Ninguno entiende o juzga sin él rectamente.
Aquel a quien todas las cosas le fueren uno, y las trajere a uno, y las viere en uno, podrá ser estable y firme de corazón y permanecer pacífico en Dios.
¡Oh Dios, que eres la Verdad! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua.
Enójame muchas veces leer y oír muchas cosas; en ti está todo lo que quiero y deseo.
Callen todos los doctores; callen las criaturas en tu presencia: háblame tú solo.

2. Cuanto alguno fuere más unido contigo, y más sencillo en su corazón, tanto más y mayores cosas entiende sin trabajo, porque de arriba recibe la luz de la inteligencia.
El espíritu puro, sencillo y constante no se distrae, aunque entienda en muchas cosas, porque todo lo hace a honra de Dios; y esfuérzase a estar desocupado en sí de toda curiosidad.
¿Quién más te impide y molesta que la afición de tu corazón no mortificada?
El hombre bueno y devoto, primero ordena dentro de sí las obras que debe hacer de fuera. Y ellas no le llevan a deseos de inclinación viciosa; mas él las trae al albedrío de la recta razón.
¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza a vencerse a sí mismo?

Y esto debería ser nuestro negocio: querer vencerse a sí mismo, y cada día hacerse más fuerte y aprovechar en mejorarse.

3. Toda la perfección de esta vida tiene consigo cierta imperfección; y toda nuestra especulación no carece de alguna oscuridad.
El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia.
No es de culpar la ciencia, ni cualquier otro conocimiento de lo que, en sí considerado, es bueno y ordenado por Dios; mas siempre se ha de anteponer la buena conciencia y la vida virtuosa.
Pero porque muchos estudian más para saber que para bien vivir, por eso yerran muchas veces, y poco o ningún fruto hacen.

4. Si tanta diligencia pusiesen en desarraigar los vicios y sembrar las virtudes como en mover cuestiones, no se harían tantos males y escándalos en el pueblo, ni habría tanta disolución en los monasterios.
Ciertamente, en el día del Juicio no nos preguntarán qué leímos, sino qué hicimos; ni cuán bien hablamos, sino cuán religiosamente vivimos.
Dime: ¿dónde están ahora todos aquellos señores y maestros que tú conociste cuando vivían y florecían en los estudios?
Ya poseen otros sus rentas, y por ventura no hay quien de ellos se acuerde. En su vida parecían algo; ya no hay de ellos memoria.

5. ¡Oh, cuán presto se pasa la gloria del mundo! Pluguiera a Dios que su vida concordara con su ciencia, y entonces hubieran estudiado y leído bien.
¡Cuántos perecen en este siglo por su vana ciencia, que cuidan poco del servicio de Dios!
Y porque eligen ser más grandes que humildes, por eso se hacen vanos en sus pensamientos.
Verdaderamente es grande el que tiene gran caridad.
Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la más encumbrada honra.
Verdaderamente es prudente el que "todo lo terreno tiene por estiércol para ganar a Cristo" (Flp 3,8).

Y verdaderamente es sabio el que hace la voluntad de Dios y deja la suya.


sábado, 4 de junio de 2011

Imitación de Cristo II.

Capítulo 2

Del bajo aprecio de sí mismo

1. Todos los hombres, naturalmente, desean saber; mas, ¿qué aprovecha la ciencia, sin el temor de Dios?
Por cierto, mejor es el rústico humilde que a Dios sirve, que el soberbio filósofo que, dejando de conocerse, considera el curso del cielo.
El que bien se conoce, tiénese por vil, y no se deleita en alabanzas humanas.
Si yo supiese cuanto hay en el mundo y no estuviese en caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzgará según mis obras?

2. No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño.
Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales.
Muchas cosas hay que, el saberlas, poco o nada aprovecha al alma; y muy loco es el que en otras cosas entiende, sino en las que tocan a la salvación.
Las muchas palabras no hartan el alma; mas la buena vida le da refrigerio y la pura conciencia causa gran confianza en Dios.

3. Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente.
Por eso no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ella se te ha dado.
Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras.

"No quieras saber cosas altas" (Rom 11,21); mas confiesa tu ignorancia.

¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la ley que tú?
Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.

4. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección.
Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada.
Si vieres a alguno pecar públicamente o cometer culpas graves, no te debes juzgar por mejor, porque no sabes cuánto podrás perseverar en el bien.
Todos somos flacos; mas tú a nadie tengas por más flaco que a ti.