domingo, 27 de febrero de 2011

Vanidad de vanidades

Hoy se me vino a la mente las afirmaciones que en algún momento pronunció el Rey Salomón, uno de los hombres más sabios que han existido; está escrito: PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece. Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve a su lugar donde torna a nacer. El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros torna el viento de nuevo. Los ríos todos van a la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo. Todas las cosas andan en trabajo más que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.

Para muchos esto puede ser algo duro de escuchar, para otras personas puede ser incluso signo de radicalismo, para otros simplemente no les significa nada.

Ya antes he comentado un poco sobre el hecho del afán tan grande que tiene el hombre de buscar la felicidad en esta vida. Eso en si no es malo. No, incluso es bueno, porque estamos hechos y fuimos creados para ser felices, para amar y ser amados. Pero lo que nos enseña Salomón es que nos equivocamos en la manera de tratar de ser felices. Si dejamos paso a la soberbia, al amor desmedido y desordenado por las riquezas, al buscar más la perfección de los demás en lugar de ser nosotros cada vez mejores, hemos equivocado el sendero. Nos hemos convertido entonces en una generación incapaz de tener un corazón y un espíritu libre y limpio. Seremos de aquellos que ven físicamente, pero que en un sentido más profundo nos encontramos cegados. Tendremos oídos para murmuraciones, chismes, malas noticias y demás cosas que nos amargan interiormente, y no dejaremos que nuestros oídos del espíritu estén libres para poder escuchar aquello que es bueno para nuestra vida, como los consejos de los padres, de los verdaderos amigos, de los infinitos sonidos que la naturaleza nos proporciona y que tienen un mensaje profundo, y no entenderemos las palabras de la Sabiduría.

Yo en un momento me sentí confundido cuando leí lo que había afirmado Salomón. Me di cuenta después que no “todo” es malo; lo cierto es que realmente todo es bueno. Ya desde el primer capítulo del Génesis se nos dice que todo cuanto creo Dios era bueno. Sí, todo es bueno según el orden que se le ha dado; si se sigue lo anterior todas las cosas en si mismas son buenas, maravillosas y dignas de ser meditadas. Pero pasa algo, que el hombre, al ser dotado de voluntad, siempre ha tenido la capacidad de desajustar el orden bueno a lo que lo rodea. La verdad esto tampoco debe asustarnos; creo que al contrario nos debe hacer reflexionar sobre la importancia de nuestras decisiones y sobre como éstas surten efecto a nuestro alrededor y en nuestro interior. La voluntad es un don hermoso, pero también puede llegar a ser algo pecaminoso si no tiene armonía, si no ha perdido su deseo de procurar el bien.

Salomón fue sabio porque deseo antes que nada poseer la Sabiduría que a todos los reinos del mundo. Poseyendo como este rey la verdadera Sabiduría, podremos hacernos mejores personas, pero en nosotros está el pedirla y practicarla como es debido.

Dios los cuide a todos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Del por qué del nombre de este blog y del tiempo.

Algo de lo que me gustaría hablar un poco es del por qué este página se llama “El blog del peregrino gris”. Tengo que empezar diciendo que las razones son dos. La primera de ellas es que desde hace un tiempo vengo teniendo en mi mente el pensamiento sobre el tiempo. Me he pasado momentos largos pensado sobre lo efímera que es esta vida. Si nos ponemos a ver un poco nuestra historia personal, nos daremos cuenta que ahora sí como dice el dicho “El tiempo se va como agua entre las manos.” Y en lo personal me considero un peregrino, alguien que no debe olvidar que todo es pasajero en esta vida.

No sé a cuántos de ustedes les haya pasado por su cabeza el ponerse a pensar en que de esta vida no nos llevaremos nada de lo cual tanto esfuerzo dedicamos para conseguir. Sea dinero, trabajo, casas, carros, viajes, ropa y demás accesorios. Nada de lo anterior realmente nos pertenece. Todo son artículos de paso, para una vida de paso. Un día estamos aquí y al siguiente ya no. Y sobre lo anterior resuena en mi mente lo que una vez dijo Cristo: “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. Porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?

Fuertes son estas palabras, y sobre todo para personas como nosotras, que vivimos en un mundo lleno de necesidades inmediatas y hemos olvidado las divinas, aquellas que realmente hace pleno al hombre en todo su ser. Nos centramos demasiado en cosas accidentales y nos cegamos para buscar las esenciales; aquellas por las cuales sí vale la pena esforzarse, porque su fruto no será para esta vida, sino para aquella que es eterna y que deseamos consciente o inconscientemente. Ya lo dijo una vez San Agustín en su libro de Las Confesiones, nuestra alma nunca quedará en paz hasta no unirse con su Creador. Por eso es que debemos considerarnos como peregrinos y no tener miedo a serlo. A mí no me gustaría tenerlo, y sé que a veces es difícil, porque siempre deseamos tener seguridades en todos los sentidos, que pocas cosas cambiaran y eso en este peregrinaje es imposible. En la tele, radio, internet y demás medios de comunicación veo un miedo muy grande al desprendimiento de lo material y un deseo enorme por encontrar un fuente de juventud interminable (como todo aquellos que se nos ofrece en los infocomerciales). Y tal vez en cierta manera es normal, ya que como seres humanos con un cuerpo nos dejamos guiar en mucho por nuestros sentidos, y no es algo malo. Pero se puede convertir en algo inverso para el hombre el sólo interesarse por aquello que tiene caducidad.

El verdadero peregrino tiene que estar seguro de que a pesar que las cosas cambien sí tiene fe todo estará bien, y que no debe olvidar que hay algo mejor que lo está esperando al finalizar esta vida.

El segundo motivo del nombre es la gran atención que ha surgido en mí desde hace mucho tiempo de las obras del escritor J. K. Tolkien. Creador del la obra del Señor de los Anillos y numerosos textos sobre la Tierra Media. Dentro de sus personajes encontramos a Mithrandir, o mejor conocido, por aquellos que han leído los libros o visto las películas, como Gandalf. Es una figura literaria que siempre me ha llamado mucho la atención, por todo lo que emana de su forma de ser. Mithrandir es el nombre que recibe por parte de los elfos y el significado de dicho nombre es “Peregrino Gris”. Hubo un tiempo en que dude sí era bueno poner la palabra “Gris” en el título del blog, pero al final platicando con una amiga me convenció de que sí se escuchaba bien.

Este texto a parte de ser un post sobre el nombre de este blog, quiere ser un pequeño escrito que ayude a reflexionar sobre la fugacidad de esta vida, la cual hay que vivir no creo yo como dicen muchos “al máximo”, porque eso puede llevar a cometer errores que se pueden evitar, sino que hay que vivirla con sensatez, alegría, humildad y sobre todo con caridad, y así al cerrar los ojos terrenales de manera definitiva, al correrse el velo de los ojos de nuestro espíritu podamos gozar de la visión del Paraíso.

sábado, 12 de febrero de 2011

TALITA KUM.

Dentro de mis pasajes favoritos del Evangelio hay uno que siempre que lo escucho o leo me deja una sensación hermosa. Es el pasaje donde se narra que Jesús es buscado por uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Éste le suplica a Cristo que cure a su hija muy enferma, una niñita, se dice incluso puntualmente que tenía 12 años de edad, la cual estaba a punto de morir; el Señor como siempre fue su costumbre no dejo sin socorrer el llamado de alguien quien lo buscaba con humildad y fe. Llegando a la casa la gente está en profunda pena, puesto que la niña había muerto, pero Jesús sabiendo que lo que parecía una tragedia familiar, se convertiría en una alegría para los dolientes y un hecho más para gloria de Dios. Él mismo dice que la niña no está muerta, sólo duerme, y la gente se burla de Él, pero con Su autoridad manda sacar a todos de la habitación. Se acerca al lecho donde está postrada el cuerpo de la niña y le dice: “Talita kum”, que quiere decir: “Niña yo te digo, levántate”, y ella obedece a su Dios.

¿Por qué me conmueve tanto este pasaje? Poco a poco he podido ir viendo en él muchas cosas que nosotros podemos aprovechar para nuestra vida. No sólo admirar como Cristo hizo que una niña regresara a la vida después de que vieron sus familiares y amigos que había muerto. Veo aquí una enseñanza de Amor, de Esperanza, de Fe. De Amor por parte de Jesús que sabiendo del sufrimiento del padre de la joven y su familia se compadece de ellos. Pero no es una compasión como muchos la entendemos, de sentir lástima por el otro, no, es una compasión porque Él sabe del dolor humano. Jesús acude al llamado, mostrándonos siempre que no debemos desesperarnos, a pesar de que las cosas parezcan simplemente irremediables el atiende nuestras peticiones. Él es el mejor Médico, no sólo del cuerpo, del alma especialmente. Muchas veces parece que nosotros estamos como esa pequeña niña, convalecientes, sin remedio, y que moriremos sin asistencia, pero no me refiero a una muerte física, porque es normal que muchos estén con buena salud de cuerpo, pero su alma está en agonía. Él nos ama y quiere salvarnos. Él nos creo y no quiere que muramos; Él nos ama tanto que quiere darnos vida eterna.

Esperanza hemos de aprender a tener, ya que Dios nos demuestra que nunca es tarde para salvar a alguien. En este caso es por la intercesión del jefe de la sinagoga, es él quien ora por su hija ante Cristo. Nuestros ruegos pueden ser útiles para la salvación de un alma, ya sea de nuestros familiares o de algún amigo, incluso de un desconocido. Debemos ser personas de oración para con los demás, y no sólo estar pensando en nuestras necesidades, que en muchas ocasiones son muy egoístas. La oración es fuente de salvación. La oración es universal. Es una arma tan poderosa que ayuda a liberar a aquellos que están sumergidos en tinieblas, en oscuridad.

Y la enseñanza de Fe. De sabernos amados y queridos por Dios. De que Él nunca nos abandona, incluso en esos momentos de incertidumbre. Que Cristo siempre está, como en el pasaje narrado arriba, al lado de nosotros, y que de seguro nos toca son Sus manos la frente, los ojos, o se acerca a nuestros oídos y nos dice ante nuestras tristezas, tentaciones, dudas y caídas: TALITA KUM.

lunes, 7 de febrero de 2011

De maestros y alumnos

Hace unos cuantos días después de dar una clase se me quedó muy grabada en la memoria una frase de uno de mis estudiantes: “Si los alumnos no respetamos a los maestros es porque ellos nos han hecho así”. Vaya afirmación, y aunado a tal tesis, algo me sorprendió más, fue la “entereza” en que se dijo. ¿Será verdad que somos los maestros los iniciadores de una generación de jóvenes los cuales se han vuelto más flojos e irrespetuosos? No quiero decir que durante mi época de estudiante preparatoriano no existieran los alumnos que no respetaban al profesor, de que los había los había, pero si estaban en desacuerdo en que les llamasen la atención o estaban enojados por la mala nota que recibían en su examen, no eran tan descarados para decirle al profe que era su culpa. Se aceptaba y punto. También siempre han hecho acto de presencia los alumnos que no quieren estudiar, y que incluso hay quienes se hicieron la fama de ser los llamados “fósiles”, que por no querer hacer el mínimo esfuerzo de abrir un libro y estudiar, se la pasan años reafirmando lo que ya saben: nada.

Ahora no. Las cosas han cambiado, porque no podemos decir que han evolucionado a favor de ambas partes: maestros y alumnos. En la actualidad los profesores están perdiendo autoridad sobre los adolescentes. Ellos son los que imponen las reglas. Pero ¿a qué se debe esto? Sin tratar de darle una solución fácil y práctica a esta pregunta en el presente texto, me atrevo a pensar que todo radica en la falta de formación que se tiene desde la familia.

Durante los pocos años durante los cuales he desempeñado el trabajo de maestro me he dado cuenta que los alumnos más problemáticos tienen dos características esenciales: la primera es que son muchachos mimados por sus padres y cuyo rasgo principal es: todo mundo tiene que hacer lo que yo quiero. Su voluntad no tiene revés ni doblez. Todo se debe realizarse de tal manera que el único beneficiado sea su ego. Son jóvenes cuya forma de pensar ha sido manufacturada por unos padres que no tienen autoridad sobre ellos, ¿las razones de esto? Son muchas y no acabarías hoy de escribir, pero la más importante es la falta de amor en la familia. La segunda característica esta ligada con la primera, los chicos son autoritarios porque nunca se les ha enseñado a obedecer. Nadie puede ser un buen rey si no se enseño a ser siervo de algún otro rey o de si mismo. Aquel que siempre sigue sus impulsos sin poner freno a lo malo de los mismos, no podrá distinguir entre lo bueno y lo malo, y por ende la relación entre obedecer y mandar. Y vaya que la obediencia es una virtud difícil de alcanzar, pero no imposible.

La verdad estoy sorprendido de cómo al maestro se le ha encargado ser un padre postizo. Ahora resulta que somos nosotros quienes tenemos que darles toda la educación a los muchachos, ¿y los padres? Bien gracias. Muchos se dedican ahora simplemente a estar fuera de sus casas trabajando todo el santo día, buscando la manera de acrecentar los lujos materiales, ¿y los hijos? También bien gracias; sin el cariño de sus padres, buscando modas que sacien su ser y descargando en muchas ocasiones sus problemas con los maestros.

Para finalizar quiero puntualizar algo. Lo escrito anteriormente no posee todas las respuestas necesarias a la pregunta inicial. Hay casos de alumnos excepcionales en todos los sentidos. Conozco jóvenes que demuestran que incluso a pesar de muchas dificultades que tienen en la vida son ejemplares; hay alumnos a los cuales considero fuera del aula como amigos. Pero el texto que escribí es un llamado a los padres a no olvidar que la primera educación se da en la casa, y no en las escuelas. Que los primeros maestros son ellos, y que nosotros los profesores debemos ser unos guías de apoyo de los padres para hacer de los muchachos personas de bien, porque también, y lamentablemente, han existido maestros que han llegado a perjudicar con su ejemplo a sus alumnos.

Pido a Dios que me ayude a ser un buen profesor para quienes me escuchen en el salón.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Busquemos hacer el bien.

Hoy no he salido de mi casa. Tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero al final he decidido escoger el tema más ad hoc al momento. Ante el panorama de inseguridad que se desató ayer por la noche en la ciudad, ha sido mejor no buscarle como dicen por ahí “tres pies al gato”, y hacer del hogar un buker. En el trabajo nos dieron la orden de no presentarnos.; no era para menos en verdad. Exponer a los alumnos era demasiado riesgoso. Y en estos momentos han sido propicios para tratar de esclarecer ciertas dudas o pensamientos.

En un principio el ver como tus seres queridos se encuentran en peligro ante la inseguridad es algo que te deja en cierta manera con un sabor de impotencia. Muchos se preguntan qué es lo que realmente está pasando; quiénes son los verdaderos responsables de que esta situación se esté dando; cuánto tiempo durará el ambiente hostil; pero también he visto a través de las famosas redes sociales, que como hay gente indignada, hay mucha más que toma el asunto como algo incluso risible. Parece algo ya tan cultural que le damos el nombre de natural entre los mexicanos. Si pasa algo malo, hay que buscarle el lado cómico, y no tanto la solución o la respuesta. No es risible esto. Desde mi punto de vista es el momento para dejar atrás juicios o preguntas sobre quiénes son o no los responsables de la situación colectiva; es el momento de pensar más allá de lo que está sucediendo en Zacatecas, México o América. Lo realmente importante es pensar qué es lo que le esta pasando a la humanidad para que todo se esté desajustando de manera tan acelerada.

Aun sigo siendo de la idea de que el problema en raíz no es el narcotráfico, la corrupción o los delitos de menor rango. No. El problema es la falta de moral y ética que existe en una sociedad que se ha olvidado de hacer el bien y practicar la caridad. La familia como base de la sociedad y la cultura se ha ido desintegrando; es ahí donde debemos empezar a enfocarnos. El hombre y sus instituciones están destruidos porque el hombre ha empezado a desintegrar a la familia como centro de amor y fraternidad. El deseo desordenado de poder y riquezas han llevado a la actual situación mundial, donde ir incluso al trabajo se ha convertido en una actividad de alto riesgo.

Pero a pesar de todo, de lo que muchos creen que es una situación poco salvable, soy de la idea de que en el mundo hay más cosas buenas que malas. Lo que pasa es que lo bueno no es ruidoso como lo malo. Lo primero es como esa brisa que uno puede sentir por la mañana y que nos hace el despertar más grato; lo malo es como una tormenta que nos puede llegar a asustar por su fuerza, pero en verdad pienso que siempre hay más momentos y sentimientos buenos en el mundo que malos.

Oremos, pidamos que la situación en las familias y en las sociedades se resuelva según los designios de Dios, el Sumo Bien; pidamos que El nos de la sabiduría y aquellos dones que crea que son los necesarios para poder cambiar el mal por el bien; Dios realmente sabe escribir en renglones torcidos.

Elevemos nuestras plegarias por nuestras familias y las personas que sufren por la inseguridad, pero también recemos por la conversión de aquellos que provocan el mal, ellos son los más necesitados de la misericordia de Dios.