viernes, 28 de diciembre de 2012

SER PEQUEÑO, COMO NICOLÁS.


A veces pensamos que la mejor manera de ser completamente felices se encuentra en diversos aspectos de índole laboral, económica, social, virtual o política… pero, ¿realmente en todo lo anterior encontramos lo necesario para ser felices completamente? Tal vez algunas alegrías o felicidades efímeras sin duda, pero no la felicidad plena.
            En estos días de Navidad un amigo me regaló una película que me ha dejado un sabor muy dulce; el título de dicho film es: El pequeño Nicolás.
            Ya será un buen tiempo en que una película no me daba un mensaje tan hermoso: los seres más felices sobre este mundo son los niños. Ellos viven libres, sin preocupaciones, y se dejan llevar por las más fantásticas aventuras y expediciones, imaginarias o reales, ya que esto último no importa. Se sienten capaces de dominar el mundo pero, de igual manera, se saben protegidos y cuidados por los padres.
            Me pregunto cuánto de aquella inocencia sigo teniendo. Me cuestiono si en verdad, aunque sea una persona mayor como yo, pudiera conservar o retomar a la sencillez de un niño. No por lo anterior debe interpretarse que debemos ser inmaduros, actuar sin lógica o razón; pero sí significa que somos capaces de ver las cosas con la mayor de las sorpresas y fascinación; que podemos vivir con tal pureza que ésta transforme las estructuras sociales que nos aprisionan a seguir un modo de vida de autoconsumo, o de autodestrucción.
            Cuánta alegría y dicha deben tener aquellos que han sabido conservar en su corazón y mente al niño que fueron; que sólo busca lo bueno: especialmente para los demás, dejando atrás el interés personal y egoísta; Qué libertad y serenidad tendrán las personas que sin menospreciar los avatares de la vida adulta, sepan amar el mundo como lo hacen los niños.
            En fin, ojalá pudiéramos ser como Nicolás, quien en la película demuestra que no importa que sea lo que nos propongamos, todo será alegría y felicidad si deseamos alcanzar nuestros sueños con la simplicidad y pureza de intención, como él lo hace.


NAVIDAD, NAVIDAD.


I
Recuerdo que cuando era niño, y aun algo entrado ya en años de adolescente y mayor de edad, siempre me era muy perceptible la llegada de la Navidad. Me viene a la memoria las calles abarrotadas de diversos adornos, los cuales si bien no siempre eran bellos, transmitían la idea de una época de felicidad, donde todo olía a tamales, atole, chocolates y otros placeres culinarios. Aún más allá de la gastronomía típica, lo que más me gustaba era el ver a la ciudad, entre sus casas particulares, negocios y edificios civiles, llena de luces por las noches, lo que creaba para mi gusto un ambiente de hermosura: ahora esto en gran parte ha desaparecido. Pero hay personas pueden creer que lo que digo es demasiado absurdo o trágico; dirán que los adornos ahí están, colgado y brillando; o que la pista de patinar que ha sido colocada en la plaza principal nos habla del gran espíritu navideño que se vive y respira en la ciudad. Pero para mí, no lo es.
Este año, en primer lugar no sentí que se diera un periodo prenavideño; no viví lo que en un calendario litúrgico se denomina como Adviento. El día 24 llegó tan rápido que no pude notar su arribo. Y esto me causa un poco de disgusto. La verdad siento que  años antes me preparaba interiormente para vivir el acontecimiento central de la navidad de manera más profunda: el nacimiento de Cristo.
II
Cuántos festejan la Navidad como un gran acontecimiento social, donde los regalos, las excelentes cenas, los viajes, los aguinaldos, las posadas, los grandes centros comerciales con fabulosos descuentos y las reuniones de sociales de toda índole están al orden del día. Muchos sin duda; y no digo que esté mal todo lo anterior en su justa medida.
Pero cuántos nos ponemos a pensar, y más aun a meditar, que este día significa la llegada del Amor a nuestro mundo. Que Aquel que nos formó y nos dio la vida, decidió despojarse de sus vestiduras divinas, para tomar los andrajosos ropajes de nuestra naturaleza humana. Y que este nacimiento abrió el paso para llegar a nuestra redención (es decir, a la paga de la deuda que habíamos adquirido por la desobediencia de nuestros primeros padres) en el monte Calvario, en donde las culpas de los hombres de antaño y del futuro fueron clavas y nuestra naturaleza rescatada.
Ojalá fuéramos como los pastores a quienes les fue anunciado la llegada del Mesías cuando realizaban sus labores de pastoreo con el angélico himno que canta: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. O como los reyes que viendo a través de los cielos observaron la dicha del universo por el nacimiento de su Creador. Y por qué no, ser como Juan El Bautista, quien dentro del seno de su madre, se regocijo al escuchar las palabras de la Madre de Nuestro Señor porque había aceptado ser la puerta que daría vida al Salvador del Mundo incluso antes que los pastores y los reyes magos.
III
Otro aspecto que me llama la atención es el increíble interés que los “no creyentes” le dan a la Navidad, dedicando gran parte de su tiempo a ridiculizar dicho suceso en las redes sociales. Creo que estas personas lo hacen no por maldad, sino como una muestra de esa urgente Navidad que necesitan se dé en sus corazones. Sólo el hombre desolado se enoja o molesta por la alegría que viven los demás. El hombre que vive en inconformidad o soledad, no desea ser parte de aquello que congrega y une. Todos deseamos una Navidad, es decir, el nacimiento del Amor, la Luz, la Vida y la Verdad en nuestras existencias; pero son pocos los que al igual que los pastores tiene la suficiente humildad para inclinarse ante la estrecha gruta que, como en Belén, cobija al Bien, a Dios mismo.
Que esta Navidad, sea como sea la hayamos vivido, nos sirva para enderezar los corazones, romper los malos hábitos, corregir los defectos y crecer en las virtudes; teniendo para lo anterior como modelo a aquellos pocos que vivieron la primera Navidad: los pastores con su inocencia y los reyes magos con su sabiduría que los hacía buscar la Verdad; como José, el hombre justo, que sin entender los designios de Dios puso toda su fe y voluntad en cumplir el plan que le tenía destinado; como Juan El Bautista, quien fue nombrado como “el mayor entre nacidos de una mujer”; como María, la llena de gracia, que siendo la más humilde sierva del Señor, fue enaltecida por los méritos de su Hijo.
Sin duda este año que está por terminar ha sido una lluvia de bendiciones por parte de Dios. En primer lugar tengo a mis papás, mis hermanas, mi sobrina y mi hermosa novia a mi lado. El trabajo también ha estado presente como una dádiva en estos años en que el desempleo inunda nuestras sociedades. Y a pesar de haber sufrido una fractura -la cual me llevó a tener una deuda económica, bueno, aun la tengo, casi finiquita-, me sentí bendecido en esos días donde el dolor físico fue muy fuerte y molesto; por primera vez en mi vida he visto como Dios nos habla a través de las molestias de salud para aconsejarnos y tomarnos de la mano.
        Espero que el próximo año pueda vivir una Navidad más cristiana, y menos centrada en otros aspectos de la vida que parecen importantes, pero que en realidad no son esenciales. Esto mismo se lo deseo a cada uno de mis seres queridos y, en realidad, a toda la humanidad.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Educación y orden.


Un par de semanas atrás vi una imagen que me dejó pensando mucho: era un policía el cual hablaba por teléfono público a su madre, a quien le decía que por fin había entrado a la universidad con gran orgullo, teniendo como paisaje a otro uniformado persiguiendo a un estudiante que protestaba.
Esta imagen nace como una crítica al sistema, el cual tiene en la policía su instrumento para aplacar las diversas manifestaciones que los universitarios (no todos realmente lo son) hacen en contra de la “imposición” de un presidente mediático como lo es Enrique Peña Nieto.
En realidad creo que muchos entran a esta corporación (en sus diversas agrupaciones: municipal, estatal y federal) como una salida a su vida de desempleados; esa vida que el mismo sistema genera y sustenta. Muchos uniformados tal vez no tuvieron la oportunidad para estudiar, ni siquiera en diversos casos la escolaridad de bachillerato.
Al caricaturista sin duda le faltó educación y preparación para entender la situación de muchos hombres y mujeres que laboran en el orden público; porque estoy seguro de algo: hay muchos policías buenos y que desean hacer su trabajo de manera limpia y consciente.
Me pongo a pensar en aquellos que critican a la policía, olvidan también que al entrar a dicho cuerpo, dejas atrás tu propia voluntad para acatar lo que te digan tus superiores: es tu trabajo. No es que el gendarme desee utilizar su macana o las balas de goma en contra de los jóvenes inconformes porque quiera hacerlo por gusto. Pero si estos últimos utilizan el pretexto de querer manifestar su desagrado en contra del nuevo presidente para poder realizar actos de vandalismo, llego a preguntarme también: ¿por qué el policía no tiene el derecho de aplicar la fuerza para restablecer el orden público? ¿O es que nos olvidamos de los que sufrieron en sus comercios los desmanes de los iracundos manifestantes?
No negaré que existan también abusos de autoridad por parte de los cuerpos policíacos  y que es algo en lo cual nunca se debería caer. Y esto último es igual de lamentable como lo son las marchas que provocan destrozos en el patrimonio público o los comercios, porque de estos mucha gente da de comer a sus familias.
Es un acto de cobardía el participar en las marchas que generan caos; cubriéndote el rostro y gritando que estás a favor de la anarquía, pero con ropa de marca: hollister, nike, adidas, polo, etc. ¡Vaya anarquistas tan capitalizados y valientes!
Estoy a favor de manifestar la inconformidad, ya sea colectiva o individual; pero estoy también en contra de juzgar el nivel educativo de aquellos que no tuvieron la oportunidad de tenerlo como lo soñaron o desearon. De igual manera no comparto la idea de atacar comercios como manera de hacerme “escuchar”. El mejor ejemplo para levantar la voz es realizar las cosas con rectitud y entereza.


NEWTOWN Y EL MUNDO.


Hace algunos días fuimos testigos de un terrible suceso que sacudió a un pequeño pueblo en el noreste de los Estados Unidos. Un joven “decidió” atacar a su madre y, no conforme con eso, a los niños de una primaria donde estudió  no muchos años antes.
     La historia parecería ser sacada de alguno de esos filmes que los gringos se pintan solos para lograr: donde las armas, los hechos funestos y los héroes son los verdaderos protagonistas. Pero en esta ocasión los héroes no tenían súper-poderes o eran agentes secretos que dominan todas las artes marciales y militares. No. En Newtown todo estaba acorde respecto a los dos primeros elementos citados, armas y hechos funestos; lo restante no.
     Lanza (apellido del joven), estaba armado de tal manera que pudo haberle hecho frente a un buen número de policías. No había tiempo para que Superman, Batman, Chuck Norris, Austin Powers o Will Smith llegaran al rescate. Quienes tomaron el lugar de “defensores de los indefensos” fueron las maestras de los niños que estudiaban en dicho instituto. Mujeres de diversas edades, tomaron la rápida decisión de detener al asesino. El costo fue alto para ellas y sus familiares.
Ojalá que este suceso nos ayude a reflexionar que hay en realidad personas que son capaces de sacrificarse por aquellos que no tienen la posibilidad de hacerlo. Hay héroes o heroínas, cuyos nombres nunca estarán en las películas que inundan nuestras carteleras; que tal vez de algún tiempo serán olvidados por los “todopoderosos” que Hollywood sabe que pueden vender como productos de consumo, pero que de seguro vivirán en la memoria de aquellos que desean un mundo mejor.
      Los niños y maestras que perdieron la vida en Newtown, sin duda alguna, son mártires de la cultura violenta en la cual nos desenvolvemos. Son víctimas de un gobierno que obtiene sus mayores ganancias a través de la venta de armas, sean de status legal o no. Y por esto último dudo que el gobierno de EUA decida tomar medidas necesarias para detener la compra de armamento por parte de sus “ciudadanos conscientes” de la importancia de la defensa personal. Simplemente no creo que pase. Hay muchos congresistas, instituciones, empresas privadas y estatales, que subsisten gracias a la muerte de miles de personas, fuera o dentro del territorio estadounidense.
     Tal vez parezca muy duro de mi parte decir que las escuetas lágrimas de Barack Obama, son igual de falsas que un billete de 8,23 dólares. Sí, creo que una de las muestras más grandes de hipocreía que he visto o conocido; tal vez Obama le pidió consejos a Nixon o Clinton. No puedo creer que se atreva a decir que su país, aquel que en su persona se encarna, esté de luto y lleno de dolor por lo sucedido, cuando él promueve la muerte de miles de niños en otras partes del mundo: sirios, palestinos, mexicanos, vietnamitas, etc. La lista es demasiado larga.
     La reacción que tuvo Lanza, sea de origen patológico o no, nos muestra que hemos perdido tanto respeto por la vida humana, que incluso los más indefensos están expuestos a la peor de las barbaridades.  Pero aun así, creo que podemos hacer algo, iniciando en nuestras familias. La violencia que se muestra en nuestros periódicos, televisores y en internet, tiene su origen en nuestras casas, donde los padres se han olvidado de los hijos, los cuales viven expuestos a infinidades de medios que promueven el odio a uno mismo y la sociedad.
     Pidamos por los familiares de todos aquellos que fallecieron en Newtown. Pidamos incesantemente por nuestras familias, por nuestras naciones. Oremos para alcanzar la paz.