jueves, 20 de enero de 2011

Edificios y estrellas.

No hace mucho tiempo cuando iba con un amigo en su carro por la noche, me puse a pensar un poco sobre cómo y por qué el hombre ha dejado de mirar al cielo.

En lo personal, y sin querer sonar cursi, una de las más hermosas experiencias que tiene esta vida es la de poder observar la historia del universo. En lo alto, esos pequeños puntos que resplandecen por la noche son la muestra de lo hermoso y magnánimo que es el universo. Esa lucecitas encierran un gran misterio, algo que tal vez nunca comprendamos del todo, pero que son la muestra, creo yo, de un gran Amor.  Estoy seguro que sólo alguien que sabe lo que es amar pudo haber creado algo tan bello y dejar que todos lo veamos.

Por que eso sí, la cosas buenas de la vida son gratis: un amanecer, el aire, el agua, el canto de los pájaros, los bosques, las montañas, la amistad, y en este caso, las estrellas nos fueron dadas para admirarlas. Aunque para no perder el hilo debo decir que a veces creo que ya no les prestamos atención. Ellas ahi están, a nuestro parecer inmóviles, aunque no sea así; ellas se encuentran al igual que nosotros, moviéndose, transladándose (o lo estuvieron) y a una velocidad mayor.

Nuestras ciudades nos han cegado, las luces de las casas, oficinas, las lámparas gigantes de nuestros boulevares, que a la vez están saturadas de las luces de los automóviles, el resplandecer de los grandes espectáculares de Coca Cola, Telcel, Sams, Soriana, los rascacielos, o esos inmensos edificios apartamentales han logrado opacar al universo, el cielo nocturno. Y si no podemos fijar nuestros ojos hacia arriba, perdermos algo esencial: saber olvidarnos de nosotros mismos, de nuestra vida terrenal (agitada y estresada por diversas cosas, como la escuela, el trabajo excesivo y otras tantas) y no nos dejamos llevar por algo que está fuera de nuestras manos y que nos llama a Admirarlo. Si no has visto el cielo por la noche últimamente, deberías hacerlo, allá arriba muchos encontraron sabiduría, consejos y hasta el Camino.

3 comentarios:

  1. Tienes razón, la modernidad nos ha apartado de nuestra inmensidad de riqueza natural y espiritual. Lo bueno sería darnos un pequeño "tiempo con mi universo" tan sencillamente como lo dices, en un paseo en carro ver la inmensidad del cielo, o estar en un parque, cerro, etc en contacto con nuestra madre tierra y reencontrarnos con nuestro lado natural y dejar a un lado por un momento la modernidad en la que vivimos.

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  2. Debemos dejar de mirarnos los zapatos y alzar los ojos un poco más.

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