Desde al año pasado el silencio ha cobrado un papel importante en mi vida. La verdad nunca le ha había dado importancia. Y creo que en muchos casos nadie se lo da. Un gran error. No sé si tú durante el día te das el tiempo para estar en silencio; en quietud contigo mismo. A veces es difícil, sobre todo porque estamos de arriba a abajo desde que nos despertamos, y peor si lo hacemos tarde. El mundo donde vivimos es muy exigente en cuanto a tiempos que distribuir. Nos metemos en un ritmo asfixiante, donde lo que más importa es generar bienes materiales: dinero, ropa de marca, ipods, computadoras nuevas, etc. O por otro lado, dejamos que el tiempo se nos vaya en las famosas redes sociales, en las cuales 10 minutos se convierten en 2 horas. Me ha pasado, no estoy exento de estas situaciones. Perdemos el tiempo en buscar y adquirir información, pero es información que no genera en si un bien. A lo que voy es lo siguiente. Desde tiempos de antaño siempre se ha visto al silencio como algo necesario para el hombre. Ahora es todo lo contrario. El mundo en general lo que nos proporciona son lugares llenos de ruido. Los bares, antros, los centros comerciales, las calles están inundadas de ruido al por mayor. Pero ojo, no digo que ir a los antros, bares, etc., sea malo, no, para nada; son lugares donde uno puede pasársela bien, convivir y disfrutar con los amigos. Pero hay una delgada línea entre los pros y los contras que generan estos lugares en el interior del hombre.
Así como es importante estar en comunicación con los demás, así también lo es estar en comunicación con nosotros mismos. Es ahí donde encontramos incluso mejores respuestas, consejos y consuelos que platicando con los hombres. Y no me malinterpreten, no quiero decir que no nos comuniquemos, que nos aislemos del mundo y que deberíamos irnos de ermitaños o monjes de claustro. Incluso estos últimos saben comunicarse mejor que la gente que vivimos una vida normal. Creo que son pocos los escogidos para llevar una vida de aislamiento, pero también creo que todos estamos llamados a guardar silencio. Si le dedicáramos más tiempo a la reflexión silenciosa nos daríamos cuenta de muchas cosas que están sucediendo en nosotros mismos y cuya consecuencia se ve en nuestro entorno, pero que en ocasiones no nos damos cuenta; como dijo Mons. Fulton J. Sheen, “Todo lo que sucede en el mundo ya ha sucedido en el interior del hombre.”
Las guerras, la violencia, las familias destrozadas, los hijos rebeldes, las iglesias vacías, las prostitución, el alcoholismo y la drogadicción que se da en nuestra mundo son reflejo de nuestras guerras internas, de nuestras destrucción moral, de la rebeldía hacia lo que uno debe ser y hacer (ética), de nuestro monólogo con Dios (le hablamos pero no dejamos que El nos hable), de nuestra prostitución intelectual y alcoholismo de cosas superfluas.
Este texto quiere ser una exhortación a guardar silencio. Si buscáramos espacio en nuestro día, aunque fuera de noche, antes de dormir, para silenciar nuestro entorno, tal vez nos sorprenderíamos de las cosas que depositamos en nuestra alma. Y este ejercicio de guardar silencio no es fácil, es un arte, algo sumamente difícil de obtener, por que a veces nuestras mentes están tan atiborradas de cosas del pasado, del presente y del futuro que no le damos el descanso para tranquilizarse, pero vale la pena intentarlo; porque realmente guardar silencio no es solamente dejar de hablar, es ponerse en paz, en estado de quietud física, mental y espiritual. Las personas que han sido sabias, buenas, justas y santas, han sido personas de silencio, lo aseguro. Entonces, si queremos cambiar este mundo ruidoso, empecemos aquietándonos, serenándonos y estoy seguro que haremos un mundo mejor por que seremos (no digo que santos en esta vida) sin duda más justos y buenos, ya que recibiremos Sabiduría de lo alto.
Dios los bendiga.
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