sábado, 22 de enero de 2011

Un poco de música y de la vida.


Me considero una de esas personas que necesitan de la música durante el día: por la mañana algo muy propicio es escuchar una pieza musical que te relaje (en mi caso antes de dar clases; especialmente si es una pieza de piano, lo que me ayuda a clarificar muchas cosas que diré), al caminar por el parque, cuando se está esperando el autobús, haciendo ejercicio o simplemente recostado sobre la cama aguardando que la comida esté lista.

Hay canciones que creo en cierto grado nos han marcado: nos recuerdan una época de nuestra vida, un suceso en específico, alguna persona cercana o lejana, un lugar o una simple sensación. En lo particular, canciones de grupos como Oasis, Coldplay, Travis, Radiohead, Yann Tiersen, etc… son las que más forman parte de mi vida; escribir los títulos y las cosas que me recuerdan sería demasiado para este post; tal vez después lo haga. También existen canciones que antes significaron algo y ahora no lo hacen; simplemente no me permito dejar que tomen un sentido y las disfruto por el simple hecho de disfrutarlas.

Una canción conocida por “todo el mundo”, les guste o no, es “Let it be” de The Beatles. Me gusta la música hecha por el cuarteto de Liverpool, es de esa música que te hace sentir bien, alegre, incluso una que otra vez te invita a bailar, aunque de esa habilidad no posea nada de extraordinario y si mucho de normal, tirando a ridículo. Pero en fin, a lo que voy es que hace poco tiempo, estando en una estación de autobuses, esperando un camión que me llevaría a casa un domingo a medio día, me puse a escuchar esta canción compuesta por Paul McCartney, el momento era el indicado. Y por fin conseguí entender cada estrofa, línea, palabra y sílaba de la letra. Una vez pasaron el testimonio de McCartney donde decía por qué había compuesto “Let it be”. Su explicación me gustó, le encontré una piadosa lógica, pero el otro día le vi todo el sentido del mundo. “Dejarlo ser”. Tal vez si dejara que las cosas fueran como deben ser, sin forzarlas, a pesar que el resultado que espero no se dé, no me angustiaría tanto en esas horas de oscuridad, cuando parece que nada tiene un sentido en realidad y la incertidumbre se posa sobre mi mente y corazón, y estoy seguro que escucharía esas palabras de sabiduría de Madre María: déjalo ser, déjalo estar.

Al final de todo, por estar escuchando la canción, por haber dejado que se introdujera tanto en mí en esos momentos de espera (no más de 20 minutos)… se me fue el autobús… debí comprar de nuevo el boleto y esperar dos horas más en la central al siguiente camión.

Un poco de reflexión de la vida a través de la música, el infortunio de un camión que se ha ido sin ti, y una pizca de risa en todo esto; una anécdota más.

Cheers!!!

2 comentarios: