domingo, 20 de febrero de 2011

Del por qué del nombre de este blog y del tiempo.

Algo de lo que me gustaría hablar un poco es del por qué este página se llama “El blog del peregrino gris”. Tengo que empezar diciendo que las razones son dos. La primera de ellas es que desde hace un tiempo vengo teniendo en mi mente el pensamiento sobre el tiempo. Me he pasado momentos largos pensado sobre lo efímera que es esta vida. Si nos ponemos a ver un poco nuestra historia personal, nos daremos cuenta que ahora sí como dice el dicho “El tiempo se va como agua entre las manos.” Y en lo personal me considero un peregrino, alguien que no debe olvidar que todo es pasajero en esta vida.

No sé a cuántos de ustedes les haya pasado por su cabeza el ponerse a pensar en que de esta vida no nos llevaremos nada de lo cual tanto esfuerzo dedicamos para conseguir. Sea dinero, trabajo, casas, carros, viajes, ropa y demás accesorios. Nada de lo anterior realmente nos pertenece. Todo son artículos de paso, para una vida de paso. Un día estamos aquí y al siguiente ya no. Y sobre lo anterior resuena en mi mente lo que una vez dijo Cristo: “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. Porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?

Fuertes son estas palabras, y sobre todo para personas como nosotras, que vivimos en un mundo lleno de necesidades inmediatas y hemos olvidado las divinas, aquellas que realmente hace pleno al hombre en todo su ser. Nos centramos demasiado en cosas accidentales y nos cegamos para buscar las esenciales; aquellas por las cuales sí vale la pena esforzarse, porque su fruto no será para esta vida, sino para aquella que es eterna y que deseamos consciente o inconscientemente. Ya lo dijo una vez San Agustín en su libro de Las Confesiones, nuestra alma nunca quedará en paz hasta no unirse con su Creador. Por eso es que debemos considerarnos como peregrinos y no tener miedo a serlo. A mí no me gustaría tenerlo, y sé que a veces es difícil, porque siempre deseamos tener seguridades en todos los sentidos, que pocas cosas cambiaran y eso en este peregrinaje es imposible. En la tele, radio, internet y demás medios de comunicación veo un miedo muy grande al desprendimiento de lo material y un deseo enorme por encontrar un fuente de juventud interminable (como todo aquellos que se nos ofrece en los infocomerciales). Y tal vez en cierta manera es normal, ya que como seres humanos con un cuerpo nos dejamos guiar en mucho por nuestros sentidos, y no es algo malo. Pero se puede convertir en algo inverso para el hombre el sólo interesarse por aquello que tiene caducidad.

El verdadero peregrino tiene que estar seguro de que a pesar que las cosas cambien sí tiene fe todo estará bien, y que no debe olvidar que hay algo mejor que lo está esperando al finalizar esta vida.

El segundo motivo del nombre es la gran atención que ha surgido en mí desde hace mucho tiempo de las obras del escritor J. K. Tolkien. Creador del la obra del Señor de los Anillos y numerosos textos sobre la Tierra Media. Dentro de sus personajes encontramos a Mithrandir, o mejor conocido, por aquellos que han leído los libros o visto las películas, como Gandalf. Es una figura literaria que siempre me ha llamado mucho la atención, por todo lo que emana de su forma de ser. Mithrandir es el nombre que recibe por parte de los elfos y el significado de dicho nombre es “Peregrino Gris”. Hubo un tiempo en que dude sí era bueno poner la palabra “Gris” en el título del blog, pero al final platicando con una amiga me convenció de que sí se escuchaba bien.

Este texto a parte de ser un post sobre el nombre de este blog, quiere ser un pequeño escrito que ayude a reflexionar sobre la fugacidad de esta vida, la cual hay que vivir no creo yo como dicen muchos “al máximo”, porque eso puede llevar a cometer errores que se pueden evitar, sino que hay que vivirla con sensatez, alegría, humildad y sobre todo con caridad, y así al cerrar los ojos terrenales de manera definitiva, al correrse el velo de los ojos de nuestro espíritu podamos gozar de la visión del Paraíso.

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