
Hace una semana estaba en la central de autobuses esperando el camión que me llevaría hacia la ciudad de Guadalajara. Como faltaba mucho tiempo para que llegara el ómnibus me puse a pensar un poco sobre todo lo que implica el viajar, sobre todo cuando es época de vacaciones. Podríamos decir que existe el arte de saber viajar, y su antípoda, el no saber hacerlo. Por qué digo esto. Simplemente porque uno puede darse cuenta como hay gente que le gusta tener todo con anticipación: desde comprar el boleto con unos días de anterioridad a la salida, tener preparada la valija si es posible un día antes, llegar mínimo 1 hora antes de la hora de partida del bus, llevar los papales o credenciales más importantes ya sea en la cartera o en una mochila a parte; hay incluso personas que les gusta la idea de poder llevar dinero esparcido y no concentrarlo en un bolsillo solamente o en la billetera, van desde ponerse billetes en los calcetines y otras partes más íntimas. Al final todo una serie de ritos imprescindibles para hacer de un viaje lo más cómodo y seguro.
En contra parte también uno se puede percatar de aquellos viajeros que se les podría denominar como “Express”. Todo lo hacen rápidamente. Y eso en si no quiero decir que sea un gran defecto, pero sí te crea muchas complicaciones, y más cuando son vacaciones de semana santa. Uno ve en el corredor de la central de autobuses gente que anda cuasi paranoica buscando el camión asignado. Claro, van corriendo de un lado a otro porque en primer lugar llegan a abordar 10 minutos después de la hora anunciada como salida del transporte. Y para colmo traen 4 maletas por persona, siendo en muchos casos familias donde viajaran: padre, madre, siete niños que ya pueden caminar y uno de pecho, abuelo, abuela, la tía incómoda y, suele pasar, un perro o gato, el cual es punto de discusión entre el jefe de familia y el conductor, porque no lo deja subir y debe viajar en el maletero.
Una de las cosas que realmente me molestan de la gente cuando viaja es su poca idea sobre simples y sencillas normas de urbanidad. Hay un caso que me llama la atención. Hace unos días estaba parado enfrente de la entra al bus. Un guardia de seguridad me dijo que debía registrar mis mochilas como parte de un proceso de seguridad. Ok, eso es algo bueno. Mientras el guardia realizaba su trabajo, dos señoras de aspecto realmente estrafalario se colaron como Pedro por su casa y empezaron a subirse al camión. El guardia les dijo “Alto señoras, no pueden pasar… debo registrar sus bolsas”. A lo que contestó una de ellas “Ayyy pero por qué me asusta… hasta me dije: Qué hice de nuevo.” ¡¡¡Por Dios santo!!! Lo que quiere decir que no era la primera vez que a la susodicha le llamaban la atención en la central camionera. Bueno, lo anterior es un ejemplo muy escueto del comportamiento que ciertas personas tienen, y por no seguir en este caso la fila, pues ahora sí como dicen por ahí, “bajan operador.”
Hay de todo mientras uno viaja. Te puede tocar durante el viaje ver películas muy malas o buenas. Pero aquí también, en mi caso, opera la ley de Murphy. El 90% de las pelis que he visto en los autobuses son realmente de dar miedo, y no por que sean de terror, sino por que son realmente malas. El otro 10% restante han sido films de muy buenos, pero dentro de ese 10%, sólo un 3% me ha tocado acabar de verlas. En mi regreso de Guadalajara pusieron dos películas. La primera era “Asesino en casa”. No era una producción del todo mala, la trama giraba entorno a ese tipo de violencia que les encanta a los gringos: la violencia intrafamiliar. Pero si me hubieran dicho que podría pagarle al chofer por quitarla lo hubiera hecho. Ya cuando faltaba poco para arribar a Zacatecas ponen un film que hubiera deseado ver desde hace mucho tiempo: Invictus. Película que habla sobre la vida de Nelson Mandela después de su salida de prisión y su elección como presidente de Sudáfrica. En fin, sólo pude ver 30 minutos de la peli, gracias en parte a que el chofer estuvo platicando mínimamente 20 minutos con una chica que iba en el asiento de atrás. No me molesta que el conductor hiciera empatía con la mujer o si intercambiaron números de celular, pero me hubiera gustado ver más de la película.
Uno puede aprender a ver muchas cosas en las formas de comportamiento de las gentes cuando uno viaja. Desde el momento de estar esperando el autobús, hasta cuando ya vas de viaje. Hay más cosas que comentar, pero si sigo el texto se hará muy largo.
Como punto final dejo esta frase que por ahí me encontré:
Cuando viajas, la curiosidad se vuelve continua, pues todo es nuevo y quieres conocerlo.
Buen día para todos.
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