sábado, 2 de abril de 2011

Caelebs, caelibis

Para aquellas personas que hablan tanto de la “injusticia humana” de la aplicación por parte de la Iglesia del tan demonizado celibato, déjenme aclarar que el siguiente texto no será de su agrado.

Muchas personas creen que pueden hablar del celibato, pero comenten el error de no saber realmente cuál es su objetivo, y del por qué la Iglesia lo pide. Numerosos que no están de acuerdo con esta norma eclesiástica creen que el celibato es un dogma de fe. Qué gran error. Otros creen que los “pobrecitos” sacerdotes están siendo reprimidos en lo que estas personas consideran lo más importante del ser humano: la capacidad de tener relaciones sexuales. Piensan que el no tener sexo con otra persona es una tremenda aberración que van incluso en contra del orden natural. Exigen la liberación de tan fuerte atadura para los sacerdotes. Piden terminar con tan terrible elección “forzosa” a la cual se ven obligados a aceptar para poder ser consagrados en el orden sacerdotal. O simplemente se autoproclaman portadores de la voz de monjes, frailes y padres que deberían pedir la oportunidad de ejercer, lo que estos “libres pensadores” creen que es, una necesidad humana.

En primer lugar quiero decir que para poder hablar del celibato eclesiástico hay que entender que a ningún hombre o mujer que haya entrado en la vida consagrada se le puso una pistola en la cabeza para realizar el voto de castidad (además, la castidad no es un voto que sólo pueden vivir los consagrados, incluso solteros y casados deben vivirla, puesto que la castidad es vivir alejado de cualquier cosa que pueda llevarte a consentir pensamientos o actos lujuriosos). En segundo lugar es lamentable que haya personas que crean que el no tener relaciones sexuales es algo que va contra una necesidad humana. Comer, dormir, beber agua, respirar… son en realidad necesidades humanas, ya que sin realizar lo anterior moriremos. Pero el pretender justificar que si no tienes sexo es antinatural es absurdo. Nadie en la historia de la humanidad se ha muerto por no haber tenido relaciones sexuales.

La sexualidad y todo lo que implica, es un don dado por Dios. El mismo nos ha proporcionado que a través de la unión entre hombre y mujer la raza humana se reproduzca. Una dádiva como ésta, es necesario cuidarla y usarla de manera correcta. Porque todo don dado por Dios posee una sentido y un orden interno para ser gozado con prudencia, para bien y salvación del hombre.

Quienes abogan por la supresión del celibato se olvidan que el hombre tiene como fin en esta vida, incluso antes que la reproducción de la raza humana, el ser fiel a Dios, es decir, santificarse. El celibato es una demostración de que el humano posee algo más que sensaciones carnales. Además estoy seguro que quienes piden la eliminación de esta norma, no saben que hay sacerdotes católicos casados. Se olvidan que en ciertos ritos (especialmente los orientales) dentro de la Iglesia hay la posibilidad de casarse antes de que los aspirantes al sacerdocio sean ordenados. Incluso cuando un pastor protestante desea convertirse en católico y nace dentro de él la iniciativa de consagrarse como sacerdote, le es permitido hacerlo incluso cuando ya tenga una esposa e hijos.

La Iglesia sabe y conoce de nuestras ilusiones y necesidades (físicas y espirituales). Ella es como una madre que sabe como son sus hijos. El celibato como el matrimonio son caminos para llegar a la santidad. Cada uno posee su propio carácter santificador.

Aquellos que piden eliminar el celibato son personas que, perdón por la expresión, viven demasiado reprimidas en su interior y con tanta ansiedad, que piensan que solamente podrán liberarse de sus angustias a través del sexo, y esto provoca que piensen que los sacerdotes, monjes o monjas que optan por no hacer lo mismo que ellos, ya que están siendo “obligados” a desairar la “necesidad del sexo”, son de igual manera personas angustiadas.

Dejo aquí unas palabras del Padre Fortea sobre el tema: El celibato es el modo óptimo de ejercer el sacerdocio. Si la Ley cambiará en el futuro, sólo Dios lo sabe. Pero el celibato es el modo óptimo de ejercer el sacerdocio. Eso no lo cambia la suegra de Pedro pululando por las páginas del Evangelio (…) Por supuesto que la ley obligatoriedad del celibato puede ser cambiada. La cuestión es si tal cambio es para bien o no. La Iglesia seguiría siendo la misma con todos sus curas casados o sin ninguno de ellos casados. Yo nunca he afirmado que esta ley en el futuro no se cambie. Lo único que yo he afirmado es que no se debe cuestionar el orden eclesial a base de protestas públicas (…) Lo único que pido a los teólogos de fin de semana es que dejen en paz a la suegra de Pedro. Ella misma está decididamente a favor del celibato. No conozco a ninguna suegra que tras cuatro o cinco años de matrimonio de su hija, no hubiera deseado que su yerno hubiera sido célibe, eremita o cartujo.

Al final de todo no quiero ser un juez de aquellos que están en contra del celibato. Sólo pido que antes de poder de hablar de este tema seamos más prudentes, ya que estamos juzgando un estilo de vida, una vocación agradable a los ojos de Dios. Oremos por quienes nos saben apreciar el valor del celibato y por aquellos que tampoco han podido vivirlo como es debido. Oremos siempre los unos por los otros en todo momento.

2 comentarios:

  1. Cierto. Creo que esos 'portadores de la voz de los oprimidos' deberían entender que el voto que hacen los consagrados es un acto de LIBERTAD. Nadie les obliga a aceptar el voto de castidad. Recordemos que cuando nosotros (o nuestros padres) fuimos al altar o al Registro Civil sabíamos perfectamente los derechos y obligaciones que adquiríamos como cónyuges. Igual lo saben los sacerdotes y religiosos(as).
    Saludos.

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  2. Claro. Cualquier decisión por amor, sea matrimonio, soltería o vida religiosa, tiene que ser sustentada en la libertad personal. Gracias por tu comentario. Saludos.

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