
A veces me pregunto qué es realmente la felicidad para aquellas personas que se dedican al narcotráfico, a los secuestros y demás actividades asociadas.
Para el grosso de la población mundial la idea de poseer bienes económicos está ligada a la idea o sensación de felicidad. Todos los hombres buscan la felicidad como último fin de su vida, y para ello hacen uso de todos los medios posibles; esto último en si no es bueno. No podemos caer en el comportamiento maquiavélico de que el fin justifica los medios. Pero a eso nos ha llevado nuestra civilización actual, ansiosa por los lujos y la sobreabundancia. Lo que importa no es poseer lo necesario, ahora importa más el vivir en opulencia, tener aquello que incluso no me es útil, y peor aún, permitido.
Se supone que todos aquellos que se involucran en el narcotráfico lo hacen porque a través de él podrán obtener ganancias sustanciosas y en un plazo de tiempo muy corto. Lo que ellos pueden percibir de dinero en una semana supera al promedio de salario mensual de un trabajador común en México.
Es obvio que la mayoría de los narcos y sicarios en sus orígenes fueron personas que nunca tuvieron acceso a una vida con un bienestar familiar y económico, y al ver que pueden obtener todos los bienes materiales que siempre desearon de manera rápida, y ante la falta de valores éticos, sociales y religiosos en sus vida, caen en la tentación.
Carros y camionetas último modelo, joyas, mujeres, celulares y demás artilugios de alta tecnología son para estas personas la materialización de la felicidad. Es eso sí que es triste. Creen que eso será eterno, que siempre estará a su lado y que podrá darles una satisfacción que incluso merece el sacrificar otras cosas más importantes como: su familia, su libertad interna y externa, sus amigos y ante todo, a Dios.
Nos olvidamos que todo este mundo es mudable y pasajero, que todo lo material tiene una caducidad.
Una vez me imaginé cómo me sentiría si pudiera tener el dinero que los narcos y sicarios cobran pero sin la oportunidad de gozarlo. Ellos por más que tengan dinero y lujos, realmente no los pueden disfrutar. Están condenados a huir durante toda su vida, ocultándose de las autoridades o de sus enemigos. Y en verdad me dio un escalofrío imaginar que para poder tener riquezas debería matar a otras personas.
Es triste todo esto: vivir con "todo", pero sin nada esencial. Vivir con la única seguridad que terminarás mal.
Ojalá que aquellos que están inmersos en provocar el mal del prójimo puedan conocer el bien, el amor, la paz verdadera, y el perdón.
Ojála que entendamos que lo que ahora pasa en la sociedad pasa porque nos dedicamos y afanamos por conseguir cosas que pasan.
ResponderEliminarVeamos hacia dentro.