martes, 31 de mayo de 2011

La militarización del país.

No hace mucho me enteré de un evento el cual tenía como principal objetivo hablar sobre la militarización del Estado y la sociedad mexicana. En primer lugar no vamos a ocultar el hecho de que tal fenómeno es algo importante y que se debe analizar desde todos los puntos de vista: social, histórico, político, económico… Siempre en la búsqueda de una solución a tan lamentoso estado en que se encuentra nuestra nación.

Algo que me llamó mucho la atención dentro de las reseñas y artículos que leí sobre dicho evento, ya que no fui cuando se llevó acabo, es que los tres ponentes hablaban de análisis que versaban sobre la muchas terribles escenas que se nos presentan cada día: matanzas, secuestros, extorsiones, corrupción, entre otras cosas. Así mismo, se dijo que todo lo que sucede en el país es parte de una política neoliberal fallida, dentro de la cual quien sale más dañado es la sociedad mexicana, sobretodo los estratos medio y bajo, aquellos que realmente son más vulnerables ante el impacto de la lucha contra la delincuencia organizada. Para estos efectos, el estado donde vivo se ha convertido en una trinchera, donde los grupos de narcos y sicarios se enfrentan frecuentemente y dejan a las comunidades con un temor casi imposible de sobrellevar, y con el deseo de marcharse de sus tierras para buscar lugares más seguros.

También fue mencionado el poder intervencionista que el país del norte, EUA, ha ejercido desde la década de los 70’s dentro de la política y seguridad nacional; no olvidemos que EUA es el principal consumidor de drogas en el mundo, y el puente principal para que éstas lleguen a los estadounidenses es México. Así nos vemos involucrados en un papel no deseado, pero sí fundamental dentro de los problemas que sufre la ciudadanía norteamericana: la drogadicción. Las autoridades gringas piden mayor acción por parte de México en materia de seguridad y erradicación de los cárteles de narcotráfico pero, aquí viene la eterna paradoja, pero ellos no buscan extraer los vicios de sus jóvenes y familias en general.

En fin, a lo que voy es lo siguiente: los ponentes hablaron de causas, efectos, actores que en realidad todo mundo conoce. Y valorando la opinión de los ponentes, creo que se vuelve a caer en el mismo error de siempre: querer solucionar los problemas sociales, olvidándose que el problema en si no es de la sociedad misma, sino que todo parte del alejamiento del hombre de los valores morales y éticos. Ninguna guerra contra la delincuencia podrá ser ganada por medio de la utilización de más elementos de seguridad pública, como los policías o el mismo ejército. Ninguna crisis social plagada de violencia podrá ser aquietada por medio de estudios sociológicos, políticos o históricos, si primero no buscamos inculcar los valores morales a nuestros jóvenes desde el seno familiar.

Creo que los estudiosos de los temas de actualidad siempre se ven ofuscados por los diversos y numerosos sucesos que se producen cada día, que se olvidan que dichos problemas son mucho más profundos de lo que parecen. Y al decir profundos hago referencia al espíritu del hombre; a que el hombre ha traicionado su esencia misma, dejándose llevar por la superficialidad de las cosas materiales, olvidándose de lo espiritual, que es lo que realmente ennoblece al hombre y a todo aquello que lo rodea.

Ya lo había comentado una vez, y vuelvo a hacer énfasis, en las palabras pronunciadas por el Mons. Fulton J. Sheen: “No hay nada que pase afuera del hombre, que primero no haya pasado en su interior”.

Solamente a través del Amor de Dios es como será posible evitar la muerte y la autodestrucción de las sociedades. El mal no dejará de buscar que entre los hombres nos odiemos, pero el mal nunca ha podido vencer el bien, pero si el mal ha tenido tanto poder ahora en nuestros tiempos, es porque nosotros nos hemos dejado engañar por sus palabras, siempre llenas de dulzura, para disfrazar al pecado que se comete.

Si un país como México se ha militarizado, es por que se ha vuelto cada día más amoral. Hay un arma que es más poderosa para combatir el mal social que todas las armas sofisticadas que el ejército y la policía puedan tener: la oración.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo: "No hay nada que pase afuera del hombre, que primero no haya pasado en su interior”.
    El problema no son las células de delincuencia organizada y narcotráfico, sino las familias desintegradas que expulsan a los miembros a buscar salidas fáciles tanto en lo ecónomico, al acceso al poder, al afecto o aceptación por un grupo, etc.
    Más allá de si creemos en una X religión, es cuestión de fomentar la ética y la moral, valores humanos universales.

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