miércoles, 26 de diciembre de 2012

NEWTOWN Y EL MUNDO.


Hace algunos días fuimos testigos de un terrible suceso que sacudió a un pequeño pueblo en el noreste de los Estados Unidos. Un joven “decidió” atacar a su madre y, no conforme con eso, a los niños de una primaria donde estudió  no muchos años antes.
     La historia parecería ser sacada de alguno de esos filmes que los gringos se pintan solos para lograr: donde las armas, los hechos funestos y los héroes son los verdaderos protagonistas. Pero en esta ocasión los héroes no tenían súper-poderes o eran agentes secretos que dominan todas las artes marciales y militares. No. En Newtown todo estaba acorde respecto a los dos primeros elementos citados, armas y hechos funestos; lo restante no.
     Lanza (apellido del joven), estaba armado de tal manera que pudo haberle hecho frente a un buen número de policías. No había tiempo para que Superman, Batman, Chuck Norris, Austin Powers o Will Smith llegaran al rescate. Quienes tomaron el lugar de “defensores de los indefensos” fueron las maestras de los niños que estudiaban en dicho instituto. Mujeres de diversas edades, tomaron la rápida decisión de detener al asesino. El costo fue alto para ellas y sus familiares.
Ojalá que este suceso nos ayude a reflexionar que hay en realidad personas que son capaces de sacrificarse por aquellos que no tienen la posibilidad de hacerlo. Hay héroes o heroínas, cuyos nombres nunca estarán en las películas que inundan nuestras carteleras; que tal vez de algún tiempo serán olvidados por los “todopoderosos” que Hollywood sabe que pueden vender como productos de consumo, pero que de seguro vivirán en la memoria de aquellos que desean un mundo mejor.
      Los niños y maestras que perdieron la vida en Newtown, sin duda alguna, son mártires de la cultura violenta en la cual nos desenvolvemos. Son víctimas de un gobierno que obtiene sus mayores ganancias a través de la venta de armas, sean de status legal o no. Y por esto último dudo que el gobierno de EUA decida tomar medidas necesarias para detener la compra de armamento por parte de sus “ciudadanos conscientes” de la importancia de la defensa personal. Simplemente no creo que pase. Hay muchos congresistas, instituciones, empresas privadas y estatales, que subsisten gracias a la muerte de miles de personas, fuera o dentro del territorio estadounidense.
     Tal vez parezca muy duro de mi parte decir que las escuetas lágrimas de Barack Obama, son igual de falsas que un billete de 8,23 dólares. Sí, creo que una de las muestras más grandes de hipocreía que he visto o conocido; tal vez Obama le pidió consejos a Nixon o Clinton. No puedo creer que se atreva a decir que su país, aquel que en su persona se encarna, esté de luto y lleno de dolor por lo sucedido, cuando él promueve la muerte de miles de niños en otras partes del mundo: sirios, palestinos, mexicanos, vietnamitas, etc. La lista es demasiado larga.
     La reacción que tuvo Lanza, sea de origen patológico o no, nos muestra que hemos perdido tanto respeto por la vida humana, que incluso los más indefensos están expuestos a la peor de las barbaridades.  Pero aun así, creo que podemos hacer algo, iniciando en nuestras familias. La violencia que se muestra en nuestros periódicos, televisores y en internet, tiene su origen en nuestras casas, donde los padres se han olvidado de los hijos, los cuales viven expuestos a infinidades de medios que promueven el odio a uno mismo y la sociedad.
     Pidamos por los familiares de todos aquellos que fallecieron en Newtown. Pidamos incesantemente por nuestras familias, por nuestras naciones. Oremos para alcanzar la paz.

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